Hoy me voy a exponer aquí como creo que no lo he hecho antes. Y eso que ya me he expuesto bastante.

No sé si habrá algún tipster ahí fuera que se muestre así. En mi caso lo veo necesario. No solo por transparencia —quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos— sino como un ejercicio de identidad y honestidad conmigo mismo.

Esto no es un post: es un paso.

Voy a empezar por lo que más me cuesta reconocer (y más en público): hasta ahora he tenido mentalidad de oficinista. Casi de funcionario (no disrespect). También con Underito.

Y reconocerlo me jode.

Porque en realidad, yo siempre me he querido ver un poco diferente.
¿O debería decir que me “habría gustado” verme diferente?

El problema no era técnico. No era de capacidades. No era de método.

Era más fácil dejarme arrastrar por la inercia de los días grises, cumplir, cobrar a fin de mes y cruzar los dedos para que el jefe de turno no mostrara rasgos psicopatoides. Y si tocaba uno, pues rezar para que se fuera pronto (o lo echaran).

Pero no.
Eso no es vida. Al menos no es la vida que quiero para mí.

Tampoco era falta de trabajo. ¿Será por horas? Que le pregunten a mi querida santa esposa.

Era otra cosa.
Era un problema de autorización.

No me estaba dando permiso para jugar en la liga de los grandes. Como si en el fondo creyera que no me lo merecía.

Y desde ese marco mental tibio he ido tomando decisiones. Decisiones diseñadas desde el miedo.

Y el miedo no se va a ir. Eso ya lo sé.

Como dice la gran Ana Ibáñez, el miedo se atraviesa.
Puede ir de copiloto. Puede ir detrás. Incluso en el maletero.
Pero jamás al volante.

El volante lo llevo yo.

Durante mucho tiempo fue cómodo refugiarme en el perfil bajo. En la búsqueda técnica de valor. En la prudencia extrema. En ser siempre comedido, siempre respetuoso.

Pero sin atreverme a ocupar más espacio.

Sin atreverme a incomodar un poco.

Si dentro de diez años alguien que sabe que gestiono Underito con ambición me pregunta qué tal me fue, me gustaría que se me dibujara una sonrisa de esas que ocupan toda la cara y poder responderle:

“Le eché unos huevos que te cagas.”

¿Que no me lo merezco jugar en la liga de los grandes?

(Sonrisa)

Me merezco ganar la Champions.

Y para eso no basta con desearlo.
Hay que estructurarse como un equipo que compite para ganarla.

En eso estamos.

Si quieres, nos acompañas.
Serás bienvenido.

Categories:

Tags:

No responses yet

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *