Esta mañana estaba en el coche escuchando un podcast de una charla de Joe Dispenza y hablando sobre la gratitud saltó con una reflexión que me hizo flipar tanto que en el primer semáforo paré la reproducción, cogí un boli y la apunté. Decía “la gratitud es el estado más elevado del hecho de recibir”.
Y como me sigue dando vueltas pues he decidido profundizar en este rincón.
Es decir, que lo mejor de lo mejor de lo mejor que nos pase en la vida culmina en el estado de estar agradecido. Toma ya.
Pero seguía. La gente de a pie va tirando y tan solo agradece a posteriori. Y eso está bien pero no es suficiente. Este hombre proponía un cambio de mentalidad bastante radical que consiste en agradecer de antemano, como decimos en los correos de trabajo pero en real.
Esto es, ya que sabemos que todo va a ir bien (porque lo sabemos y es bueno repetirlo: todo va a ir bien) lo suyo es estar profundamente agradecido por lo bien que van a salir las cosas.
A mí me explota un poco la cabeza porque eso algo así como meditación cuántica. Pero en realidad tiene todo el sentido del mundo. Eso sí, solamente cobra sentido si, y solo si, estamos totalmente convencidos de que todo va a ir bien.
Entonces, según Dispenza, si ya estamos agradecidos de antemano obtendremos el beneficio ¡antes de que ocurra el hecho!
Sería algo así como el confirming de la mente. Una sobradez maravillosa sobre la que voy a tener que volver más veces si la quiero integrar.
Porque, pongamos que sí, que conseguimos integrar la idea de que todo va a salir bien. Y luego, por la tarde, recibimos la noticia de que un familiar nuestro ha sido diagnosticado de una enfermedad incurable. Entonces, ¿qué hacemos con la gratitud? ¿Cómo te vas a sentir agradecido?
Quizá haríamos bien en reflexionar sobre qué significa eso de que “todo va a ir bien”.
Una de esas personas que pasan por nuestra vida como si fueran ángeles (seguro que sin mucho esfuerzo se te ocurre alguna a ti también), suele decir una frase que desde que se la oí por primera vez la he integrado en mi repertorio:
“Al final, todo se va poniendo en orden”.
Es así, porque si bien todos hemos pasado (o pasaremos) por momentos muy complicados, al final todo se pone en orden. Tiene que ser así para que el río de la vida siga fluyendo. Con sus meandros, sus deltas y también sus cascadas y sus rápidos.
¿Saben qué? Que me voy a quedar con la reflexión de mi ángel particular.
Porque, lamentablemente no todo va a ir bien. Algunas cosas no irán bien. Y aún así, al final todo se pondrá en orden. Porque lo importante no es que todo salga perfecto sino que seamos capaces de adaptarnos a los retos que nos va poniendo la vida lo mejor posible.
Y seguir fluyendo. Como el río.

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