Desde que escribí el último artículo para este rincón vengo dándole vueltas al concepto antagónico: el de jugar en pequeño. Es decir, si de alguna manera no me he dado permiso para jugar en la liga de los grandes, quiere decir que, sin darme cuenta, me he metido yo solo en la de los pequeños. 

Y como cuando me pongo filosófico soy capaz de ponerme un poco intensito y me gusta sacar mis propias teorías, di con una: jugar en pequeño no es una estrategia. 
Jugar en pequeño es la consecuencia de pensar en pequeño y sentirse pequeño

Y quizá nos pasa más a menudo de lo que estamos dispuestos a admitir. 

Tanto una cosa como la otra suelen estar alimentadas por el mismo combustible: el miedo. 

Uno puede pensar en pequeño por varias razones: por miedo, como ya he dicho, por falta de ambición, y por lo que podríamos llamar mediocridad sofisticada. Y es que la mediocridad rara vez se presenta como tal. Más bien se disfraza de prudencia, que está mucho mejor visto por nuestras suegras. 

Y ahora comparto algo más personal. 

Durante años he diseñado mi carrera profesional con una mezcla curiosa: prudencia económica y miedo a descubrir si realmente estaba a la altura. Pero si lo miro con perspectiva me parece bastante humano: ¿quién no ha sentido vértigo al saltar sin red? ¿Quién no ha tenido la sensación de no estar preparado a la hora de enfrentarse a algo grande? 

Pero tenemos casi la obligación de retar esos miedos tan humanos, observarlos como quien los mira a través de un microscopio, porque probablemente no aguantarían la mirada. 

En el fondo están bastante vacíos. 

Primero, simplemente no es verdad que no tengamos red. 
Y segundo, preparados estamos de sobra. 

Lo peor de jugar en pequeño no es solo económico. Eso, al fin y al cabo, es algo que te pierdes, que dejas de disfrutar, pero no es ningún drama. 

Lo peor de jugar en pequeño es que te estás negando la posibilidad de ganar en grande. 

Pero pierdes algo todavía más importante: la satisfacción de perseguir tus propios sueños. 

En realidad, el miedo no suele ser al fracaso. 

El miedo es al impacto que ese fracaso podría tener en las personas que dependen de ti. 

Creo que durante mucho tiempo —quizá demasiado— me convencí de que estaba siendo prudente. 

Hoy empiezo a sospechar que simplemente estaba jugando en pequeño. 

Quizá por eso hace unos días me di un permiso que llevaba tiempo sin darme. 

Categories:

Tags:

No responses yet

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *